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Poema siquiátrico
Repentinamente muerto me envolví en una sábana de envenenadas flores. Soñé aquella vez con oscuros, largos hospitales, y otra vez tuve un sueño atravesando el aire. Doctor! Dónde estás doctor? Desde que lejano agujero te escurres como un espíritu. Con qué aguja de pájaros me volarás la cabeza esta tarde? Repentino. A través de mí. Camino hacia atrás, hasta mi alma: la luz del cadáver. Pero Doctor! Dónde estás doctor? Con qué lupa mirarás esta vez mi ojo para culparme? De qué lugar vacío de tu corazón obtendrás la regla de sangre para medir la intensidad del grito aplastado en la pared principal de mi pensamiento? Y dónde te esconderás. Cuando brille —aunque sea una sola vez— la luz del cadáver?
tomado de El Momo, blog
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